Canciones Chilenas Weonas…

Como nunca me puse a escuchar música chilena, obviamente en español… y me di cuenta que en el fondo, los chilenos cantamos puras weás y que no le pegamos para nada la rítmica, ni a la composición.  No somos como Pablo Neruda que era fome pero que al menos tenía talento.

Aquí les va la compilación…

1.  Gepe – Fruta y Té

“Tengo té calientito… Fruta,  pan y café… pa’ tomar desayunito”

y? yo también tengo fruta, pan y café. También leche, huevos y tocino y no ando cantando las cosas que tengo en mi casa y a nadie le importa si tomo o no desayunito.

2. Manuel García – Acuario

“En un restaurante comiendo wuantan me escondo del frío”

Weón presumido!! todo porque estudió en la PUC él se esconde del frío en un restaurante comiendo wuantan… ¿Qué onda? y qué pasa con la gente que es pobre y no puede pagar un restaurante y comer wuantan…¿se muere de frío? Atroh! Qué onda los canta-autores chilenos… ?

3. María Colores – Llamadas perdidas

“Tienes llamadas perdidas de tu corazón, llamadas perdidas de tu corazón”

y qué pasa si no quiero contestar? y si no estoy disponible? y si mi corazón se aburre de llamar? entonces qué? me perdí la fiesta? por qué la insistencia!!!??

4.  Camila Moreno – Cosas que no se rompen

“Hay casas que no se caen” 

Claramente las casas ésta niñita dice que no se caen no son las mismas casas que construyen acá en Chilito. Si no veamos qué opinan los ex-habitantes del edificio Tristán.  Sal de tu burbuja querí?

5. Pascuala Ilabaca – Isla 

“Tenemos una isla con laguna de ombligo y montañas de risa con flores de camisa”

Elefantes rosados y unicornios también? Qué se fumó ésta niñita? ¿Cómo cantaí tantas weás? Sin palabras. Anonadada.

6.  Denise Rosenthal – Creo 

“Siempre quiero mas de lo que me das y cuando no estás conmigo empiezo a necesitarlo”

Cabra suelta de cuerpo y golosa! No se conforma con nada! Yo creo que padece del “Síndrome de abstinencia”

Es probable que exista una segunda entrada o quizás la continuación, la verdad es que recién le estoy prestando oído a la música chilena. Sin embargo, puedo rescatar a Nano Stern con su tema “La Puta Esperanza” y en general sus canciones.

Lo que no nos dijeron del amor

Nos hicieron creer que el “gran amor” sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado. Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos esa otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta. Las personas crecen a través de la gente. Si estamos en buena compañía es más agradable. Nos hicieron creer en una fórmula llamada “dos en uno”: dos personas pensando igual, actuando igual… que era eso lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene un nombre: anulación. Sólo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una relación saludable. Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos. Nos hicieron creer que los lindos y los flacos son más amados. Nos hicieron creer que sólo existe una fórmula para ser feliz y que es la misma para todos y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad. No nos contaron que éstas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes, y que podemos intentar otras alternativas.

Tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir esto: cada uno lo va a tener que descubrir solito… y entonces, cuando estés “enamorado de ti mismo” podrás ser feliz y te enamoraras de alguien.

Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el Amor aunque la violencia se practica a plena luz del día.

Te libero…

Te libero de mí, de mis males, de mi mal genio, de los domingos por la tarde en donde nunca puedo más, del odio a mis cumpleaños, de no saber cómo hacer para regalarte algo que no pierdas. Te libero de mi desengaño, de tu karma, de mis novedades, de la contradicción que represento. Te libero de mis llamadas que te saben a autocompasión, de mis enredos, de mi cabello suelto, largo, sin peinar. Te libero de mi consciencia, del desconcierto a fin de mes, de la caída, de la llegada de mi huida inevitable. Te dejo libre para que me dejes, para que me veas de lejos y me quieras.

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Creo tantas cosas…

Creo tantas cosas que creo que sólo con eso me basta: Creer… y aunque muchas veces me sienta un tanto estúpida y vulnerable, son estas “cosas en las que creo” que me hacen ser quien soy. No me importa si alguien más cree en ellas o si alguien comparte la certeza insegura que tengo respecto a lo que posiblemente se avecina. En el fondo, son solo un montón de deseos y ganas  que guardo con la esperanza alegre que algún día dejen de formar parte de este conjunto para pasar a otra categoría y que junto con ello comenzaran a llamarse “hechos”

Lamentablemente me crié con el temor adiestrado propio de hija única, donde los papás se esfuerzan por hacer que esas “ganas y deseos” se concreten y sean algo tangible. Resguardan tu seguridad de una manera que recelan y así, así como escribo esto ahora de forma trivial y más que nada como desahogo, así mismo te quitan esa seguridad y hacen que eso que tú crees se vuelva una mancha negra que no te permite avanzar más que el paso enlodado que estás tratando de dar.

Crees pero en cada cosa que crees ves esa mancha de lodo que ni siquiera es obra tuya, que tu no pediste, que tu no pensaste, que tu no pediste y desde un punto a esta parte ya ni siquiera piensas en cómo sacarla porque ahora también forma parte de ese montón de cosas que te forman como persona. Ya ni siquiera te cuestionas si es bueno o malo. Ya no importa. Está ahí y tratas de buscar otras cosas, otras formas de canalizar las emociones, buscas otra forma de vivir y además te escudas en eso pero no funciona.

Te sientes a tirantes con la muerte, ésta también forma parte de tu tumulto de necesidades que ya nadie considera necesarias para vivir y ya no sabes cómo vivir ni en qué creer. Depositas todas tus expectativas en alguien que no es la persona correcta, entregas incluso más de lo que tienes para dar y para ofrecer… Y así, alimentas tus creencias y las de los demás, las de las personas que viven  contigo, el de la persona que duerme contigo. Alimentas eso y tratas de mantenerlo feliz hasta que llega alguien nuevo y te alimenta otras esperanzas, otras sensaciones: Te da cosas nuevas en las cuales creer. Pero el ser humano es realmente un ser salvaje, porque aunque toda la vida se hayan preocupado de enseñarte, jamás puedes ser un buen hombre y menos uno de palabra. Porque es más fácil generar daño que enfrentar el derrumbe propio… Más fácil buscar un responsable que asumir la culpa, porque es más fácil decir “no sé” que elaborar una respuesta… ¿qué haces? Traicionas todo en lo que creías, llegan como huracán a robarte todo lo que pensabas, lo que querías… traicionas lo que creías que amabas. Luego es más fácil creer que el arrepentimiento y recuperar el tiempo perdido de alguna forma ayuda a sanar. La verdad es que no. Lo único que te ayuda a sanar en no creer en nada de lo que creías. Tomar todas esas piezas que quedan dando vueltas por el aire y creer, sólo creer, que algún día volverás a ser la misma.

Creer eso ya claramente no sirve, te desesperas por volver a ser tú, por volver a sentirte completa, por volver a creer en tí y de pronto crees que dejando todo, olvidando todo, escapando de todo volverás… como si fuera yo una ilusionista, quizás magia o algo por el estilo. Tratas de acabar con todo eso que te hace mal, te incluyes en eso, ves esa luz apagarse y en el fondo, tienes tantas ganas de que se apague que ya ni siquiera forcejeas por pedir ayuda, te quedas ahí, aletargada por el frío que sientes, tienes esa capacidad de ver toda tu vida en unos vagos parpadeos que destellan luces de neón, escuchas a lo lejos el reloj interno que deja de creer. Se detiene… se detiene triste, se detiene solo, se detiene roto, pero está cansando y cree que es más conveniente seguir con ese sonido pulcro del silencio que habita e inunda todo, silencio ensordecedor capaz de neutralizar todo estímulo proveniente de las cuatro murallas que rodean tu cuerpo. Cierras los ojos y “esperas”, “crees” que llegarás a buen puerto. Despiertas en una sala, de noche, mirando a la luna que está como nunca, que está llena, que brilla. Te sientes como un viejo de 80 años recién nacido, te sientes sucio, te sientes tonto, te sientes mal humano, te sientes vulnerable y te sientes comprometido.

Te sientes distinto. Sin duda algo de tí murió en aquel intento, algo de ti se fue y ya no vuelve… Pero ya no vuelves sola, ya no vuelves con miedo y esa presión de sentirte comprometido por tener otra oportunidad te hace volver a creer y a creer en cosas buenas, a reconciliarte y a buscar paz, a buscar la felicidad en las cosas simples, en preferir un abrazo, en compartir con alguien querido, en no pensar en lo que se hace sino con quién se hace, en tener sueños, en crear nuevas ilusiones para tu vida, en cuestionarte en hacer daño, a ser mejor persona, a no guardar rencor, a pensar, a aprender a comunicarte, a escuchar, a ser alegre lo que más se pueda, a vivir con entusiasmo, a entender…

Esta soy yo… Callada, cercana a los que considero míos, fiel a los secretos. Queriendo cosas buenas para mí porque me di cuenta que ya no puedo aceptar el cariño a medias de lo que la gente me pueda dar. Yo, mi primera opción aunque no sea la de nadie más… porque yo por mí ya morí y viví.

Fenómeno Acción Poética

Hace tiempo que estoy siendo testigo del fenómeno de “Acción Poética”, que ha llegado a distintos países y que en Chile también está tomando fuerza. He visto varios escritos que me dejan pensando y que también aparecen para recordarme que no he tenido tiempo: ¿qué tan complicado es tomar una foto? Hoy en día el celular cumple la función de cámara al alcance de un sólo toque, en el fondo, es sólo cuestión de tiempo porque las ganas están.

Creo que me organizaré un día en la tarde y recorreré los distintos lugares de Santiago donde he visto estos murales y los publicaré acá para compartirlos con quienes pasen por este lugar.

Acá dejo algunos que los encuentro sencillamente geniales, frases simples que lo dicen todo.

(Hacer click en las imágenes para verlas en tamaño original)

Historias de Metro. Lo mejor.

Eran las 21 y algo… Venía con los audífonos escuchando música como de costumbre. Venía de vuelta del trabajo con la misma inercia con la que me fui temprano. Venía metida en mis pensamientos y en el olor asqueroso del aire acondicionado del vagón. Venía sin prisa porque nadie me esperaba y venía sin ánimo.

Se detiene el metro en estación Rondizzoni, abre la puerta y entran dos ciegos. Eran pareja, pololos… quién sabe. La gente se paró y les dio el asiento. Se sentaron y se abrazaron. Él le tomó la mano y le acariciaba la cara a ella… en eso me saqué los audífonos porque quería saber qué hablaban. Así de simple. Así de sapa. Él le dijo “no tienes idea lo hermosa que eres, nunca lo has visto” y fue lejos lo más lindo que he presenciado y no pude evitar compararme con ellos y dejar de sentirme superficial, dejar de sentir que le presto atención a cosas que no se merecen la atención ni la preocupación y al final entendí que el sentir amor va más allá de lo que los ojos pueden ver y lo que el corazón puede sentir y que es así de sencillo.

Lejos lo mejor que he visto en el Metro… ¡en años!